alfonsoPORTADAArtículo escrito por Juan Antonio Corbalán y publicado en el diario MARCA el martes 19 de abril de 2011, un día después del fallecimiento de Alfonso Martínez, ex jugador del Real Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

Los que tienen todo claro empiezan a estar muertos. La incertidumbre es un estrés necesario en el escenario de la vida. Los deportistas pasan media vida aprendiendo a jugar y otra media aprendiendo a vivir. Porque vivir y jugar en muchos casos es imposible.

 

Alfonso Martínez perteneció a una época difícil de nuestro baloncesto, bueno, de nuestra España, en una época, la postguerra, en la que se crecía a la sombra de algunos mecenas que movían todo. Un personaje que hubiera encajado perfectamente enLa Colmena, de Cela, tan maravillosamente llevada al cine por Mario Camus. Una cinta cargada de pena y vida, de la hiel y la ternura de la existencia, de lo que se es capaz de hacer por salir de la miseria y de lo fácil que es, para algunos, ser miserables.

 

A nadie de los que le conocieron le hubiera extrañado imaginarlo jugar una partida de cartas en la trastienda de una botica. Buscar la última copa para sufrir o disfrutar con un amigo, alargar una velada hasta que la noche y la mañana se besaran. Así era Alfonso. Le gustaba la incertidumbre y creo que cuando las cosas iban bien, hacía lo humanamente posible para crear incertidumbre.

 

Alfonso era la definición de lo humano, para lo bueno y para lo malo. Fue un español berlanguiano con el orgullo de ser aragónes y lo cheli de los arrabales madrileños, bañado por pátinas de la oligarquía catalana, de la que no pudo heredar su pragmatismo.

 

Ahora que el baloncesto lo devora todo, como la gran ballena que se tragó a Jonás, en los momentos en que ocurren cosas como ésta, mi alma se va a mis 15 años, cuando yo buscaba caminos que ni siquiera fui capaz de imaginar. Ese viaje hacia atrás tiene un efecto balsámico y me lleva a tiempos de pan y chocolate. Al mundo que me tocó compartir con aquellos grandes hombres.

 

Aunque nunca jugué con él, sí lo hice varias veces en contra, y coincidí y conviví mucho con su gente, catalanes casi todos, de los que también aprendí y a los que también quiero recordar, porque con ellos se recuerda a Alfonso.

 

Nacía yo cuando jugó en el Barça y luego en el Madrid y en otros más. Yo coincidí en su segunda época con los grandes de La Penya como su hermano José LuisBuscató, los MargallLluis,Jorge Guillén, maño como él, y con tantos que jugaron con él. Una época en la que, como niño, vivía aquella rivalidad casi como una película, y entre sus actores aparecía el estilo histriónico de Alfonso, capaz de lanzar los tiros libres a una mano, con la otra en jarras, dada su mala puntería en aquellos lances.

 

Tenía, también, la generosidad de los grandes para con los jóvenes y podría regalar, -quizás regalar no sería la palabra exacta, no quiero excederme. Regalar regalar, regalaba poco- alguna canasta para que algún chaval guardara un mejor recuerdo de su debut.

 

Tenía también la pillería del vendedor de rebajas para tirar al tablero, cuando estaba sólo, y así apuntarse un rebote más. Siempre presumió de haber sido máximo rebotador del Europeo del 67, en Helsinki, con apenas 194 cms.

 

Para mi memoria, fue un precursor de nuestros primeros grandes: BuscatóEmiliano. Ni su nombre ni su apellido ayudan a recordarle, pero para todos los jóvenes, a los que les gusta el baloncesto, que sepan que el domingo pasado se fue un grande. Mucho más grande que muchos. Mucho más silencioso que todos.

 

Merece que sepáis quién fue.

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