(*) Síntesis de la conferencia impartida el 1 septiembre del 2022 dentro de las Jornadas “Camino de los Valores” organizadas por la Jueza Reyes Martel y su asociación UP2YOU

 

¿Podemos liderar a otras personas cuando no estamos siendo líderes de nosotros mismos? Si bien podemos inspirar, retar, exigir, escuchar y acompañar a un colectivo, surge la pregunta si también lo aplicamos con nuestra propia persona.

En el deporte, hay innumerables jugadores con magníficas cualidades físicas. En ocasiones son complementadas con un gran talento. Tenemos entonces la oportunidad de desarrollar a un gran deportista. Sin embargo, puede haber una debilidad, un talón de Aquiles. Será la forma en que se autogestiona, física y mentalmente, la que podrá en valor todo el potencial latente. Es aquí donde entra el auto liderazgo.

Cómo reacciona ante la frustración, qué tipo de diálogo mantiene consigo mismo o si el nivel de exigencia condiciona o limita el disfrute en su actuación, son aspectos con los que tendrá que lidiar. Todos hemos visto jugadores que huyen del momento final, mientras otros lo adoran. Nacieron para ello. Su propósito es ser decisivo. Su exigencia es marcar una diferencia. Y es ahí donde aplican una inteligencia emocional que pone en valor su talento.

Poco se habla de dicha inteligencia, y menos aún de cultivarla. Porque no sólo se hace uso de ella en la actividad que desempeñemos, sino fuera de ella. Qué relaciones fomentamos fuera del deporte o cómo alimentamos nuestras neuronas para enriquecernos o preparar nuestro futuro, son aspectos que deben tenerse en cuenta para el equilibrio emocional del deportista.

Ser líder de nosotros mismos requiere de numerosas actitudes. Si no tenemos un espíritu de lucha, esfuerzo y sacrificio mantenido en el tiempo, iremos de víctimas por la vida, culpando a todo lo externo a nosotros y huyendo de confrontar la propia responsabilidad.

Por otro lado está la aceptación. Considero que la felicidad es una delgada línea entre luchar y aceptar. Luchar por lo que te apasiona, por tus sueños, por tus retos, pero a la vez saber aceptar lo que la realidad nos ofrece. ¿Cuándo decantarse por uno o por otro? Será el arte, la fe y la sabiduría que se gana con los años lo que nos ayude a tomar las decisiones más inteligentes. Hay grandes personajes en la Historia que no aceptaron su realidad y ello les encumbró a altas glorias. E igualmente, hay numerosas personas que por no aceptar ciertas realidades, arrastraron una vida de frustración constante. Insisto, es una delgada línea que depende de cada ser humano. Por ello, un pensamiento que siempre me ha guiado es “haz todo lo que puedas (y más) y descansa como si nada dependiera de ti”.

Y valorar. ¿Cuánto tiempo perdemos pensando en tonterías, autosabotajes o viajando del pasado al futuro sin disfrutar del presente? Hay personas que incluso van más rápido que la felicidad. Alguien que es líder de sí mismo, encuentra el equilibrio personal para vivir en el presente, en el flujo, en el momento. Los deportistas deben liderar sus pensamientos para que no bloqueen su talento. Ello significa hacer una diálisis emocional constante para desechar lo negativo, estar en presente y desde ahí poder actuar.

Otra actitud necesaria es el querer aprender constantemente. Que ésta sea su zona de confort. Alguien que desee evolucionar, avanzar y mejorar no puede permitirse el lujo de no aprender. Puede hacerlo estudiando, experimentando o extrayendo aquello de diferente que tengan sus rivales. Es la humildad lo que debe impregnar su búsqueda. El sabio es consciente de que desconoce más de lo que conoce.

Pero un líder aporta valor, moviliza, inspira y por ello genera nuevas ideas, unas veces recordando y otras rompiendo creencias y sacudiendo conciencias o realidades limitadas. Si no es así, puede que sea un buen gestor, pero no un líder.

Igualmente busca la excelencia, no digo la perfección. El objetivo no es ser mejor que otro, sino ser mejor que ayer. Tienen un propósito que independientemente de su estado emocional, motivado o no motivado, genera la constancia, el sacrificio y la ambición de dar lo mejor en cada momento.

Liderar a otros puede encontrar numerosas justificaciones para no hacerlo o fallar. Pero liderarnos a nosotros mismos es nuestra misión de vida. Y aquí no hay excusas.

(*) Síntesis de la conferencia impartida el 1 septiembre del 2022 dentro de las Jornadas “Camino de los Valores” organizadas por la Jueza Reyes Martel y su asociación UP2YOU ¿Podemos liderar a otras personas cuando no estamos siendo líderes de nosotros mismos? Si bien podemos inspirar, retar, exigir, escuchar y acompañar a un colectivo, surge la pregunta si también lo aplicamos con nuestra propia persona.

En el deporte, hay innumerables jugadores con magníficas cualidades físicas. En ocasiones son complementadas con un gran talento. Tenemos entonces la oportunidad de desarrollar a un gran deportista. Sin embargo, puede haber una debilidad, un talón de Aquiles. Será la forma en que se autogestiona, física y mentalmente, la que podrá en valor todo el potencial latente. Es aquí donde entra el auto liderazgo.

Cómo reacciona ante la frustración, qué tipo de diálogo mantiene consigo mismo o si el nivel de exigencia condiciona o limita el disfrute en su actuación, son aspectos con los que tendrá que lidiar. Todos hemos visto jugadores que huyen del momento final, mientras otros lo adoran. Nacieron para ello. Su propósito es ser decisivo. Su exigencia es marcar una diferencia. Y es ahí donde aplican una inteligencia emocional que pone en valor su talento.

Poco se habla de dicha inteligencia, y menos aún de cultivarla. Porque no sólo se hace uso de ella en la actividad que desempeñemos, sino fuera de ella. Qué relaciones fomentamos fuera del deporte o cómo alimentamos nuestras neuronas para enriquecernos o preparar nuestro futuro, son aspectos que deben tenerse en cuenta para el equilibrio emocional del deportista.

Ser líder de nosotros mismos requiere de numerosas actitudes. Si no tenemos un espíritu de lucha, esfuerzo y sacrificio mantenido en el tiempo, iremos de víctimas por la vida, culpando a todo lo externo a nosotros y huyendo de confrontar la propia responsabilidad.

Por otro lado está la aceptación. Considero que la felicidad es una delgada línea entre luchar y aceptar. Luchar por lo que te apasiona, por tus sueños, por tus retos, pero a la vez saber aceptar lo que la realidad nos ofrece. ¿Cuándo decantarse por uno o por otro? Será el arte, la fe y la sabiduría que se gana con los años lo que nos ayude a tomar las decisiones más inteligentes. Hay grandes personajes en la Historia que no aceptaron su realidad y ello les encumbró a altas glorias. E igualmente, hay numerosas personas que por no aceptar ciertas realidades, arrastraron una vida de frustración constante. Insisto, es una delgada línea que depende de cada ser humano. Por ello, un pensamiento que siempre me ha guiado es “haz todo lo que puedas (y más) y descansa como si nada dependiera de ti”.

Y valorar. ¿Cuánto tiempo perdemos pensando en tonterías, autosabotajes o viajando del pasado al futuro sin disfrutar del presente? Hay personas que incluso van más rápido que la felicidad. Alguien que es líder de sí mismo, encuentra el equilibrio personal para vivir en el presente, en el flujo, en el momento. Los deportistas deben liderar sus pensamientos para que no bloqueen su talento. Ello significa hacer una diálisis emocional constante para desechar lo negativo, estar en presente y desde ahí poder actuar.

Otra actitud necesaria es el querer aprender constantemente. Que ésta sea su zona de confort. Alguien que desee evolucionar, avanzar y mejorar no puede permitirse el lujo de no aprender. Puede hacerlo estudiando, experimentando o extrayendo aquello de diferente que tengan sus rivales. Es la humildad lo que debe impregnar su búsqueda. El sabio es consciente de que desconoce más de lo que conoce.

Pero un líder aporta valor, moviliza, inspira y por ello genera nuevas ideas, unas veces recordando y otras rompiendo creencias y sacudiendo conciencias o realidades limitadas. Si no es así, puede que sea un buen gestor, pero no un líder.

Igualmente busca la excelencia, no digo la perfección. El objetivo no es ser mejor que otro, sino ser mejor que ayer. Tienen un propósito que independientemente de su estado emocional, motivado o no motivado, genera la constancia, el sacrificio y la ambición de dar lo mejor en cada momento.

Liderar a otros puede encontrar numerosas justificaciones para no hacerlo o fallar. Pero liderarnos a nosotros mismos es nuestra misión de vida. Y aquí no hay excusas.

 

Share.