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Para los aficionados al baloncesto y al Real Madrid, los primeros días de diciembre son siempre difíciles. Apenas cinco días después de que se cumpliera el 31º aniversario del fallecimiento de Fernando Martín en un trágico accidente de tráfico, el implacable calendario señala ya otra fecha fatídica: la marcha de Mirza Delibasic hace ya 19 años. El genio, que jugó en nuestro club de 1981 a 1983 dejando una huella imborrable tanto en el plano deportivo como en el personal, nos dejó un 8 de diciembre en el año 2001.

 

 

 

 

 

 

 

 

Son recuerdos tristes porque hay que lamentar la pérdida de dos iconos del baloncesto blanco en edades en las que morir se antoja inadmisible. Sin embargo, en estos días, repasando imágenes de cualquiera de los dos jugadores, de talento distinto e igual categoría, es fácil que a uno se le escape un suspiro seguido de una media sonrisa y un breve y musitado “qué bueno era” mientras se recuperan instantes mágicos del pasado.

 

18 años han pasado ya desde que el maldito cáncer se llevara al bosnio Mirza Delibasic, uno de los primeros genios del baloncesto europeo, miembro de la primera plantilla del Real Madrid de 1981 a 1983. Apunto estuvo el tenis de robarle al baloncesto uno de sus mejores intérpretes, capaz de ejecutar jugadas como ningún jugador de 1,97m. antes lo había hecho. Precursor de la polivalencia, acaso por la agilidad adquirida de niño en un breve coqueteo con el ballet, Delibasic era capaz de driblar, anotar y leer el juego. Pero además, aquel espigado jugador llegado del Bosna de Sarajevo destilaba carisma, cautivando por igual a aficionados y compañeros. Muchos de los que jugaron con él lo definen como una persona que se ganaba a todos los que le rodeaban por su forma de ser.

 

Más allá de lo deportivo, y a pesar de que sólo disputó dos temporadas de blanco, dejó una impronta que no se ha borrado con el paso del tiempo. Mantuvo una larga amistad con muchos de sus compañeros en el vestuario del Real Madrid, quienes siempre estuvieron pendientes de su frágil salud. Participó en su último partido frente al equipo de veteranos del Real Madrid en la Sala Olímpica de Sarajevo, junto a un combinado de baloncestistas bosnios entre los que se encontraba su hijo Danko.

 

Al igual que con la pérdida de Fernando Martín, con Delibasic se fue un pionero, el jugador que con su versatilidad perfiló la figura del baloncestista moderno mostrándole el camino al resto a golpe de clase y elegancia. Un caballero.

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