(*) Síntesis de la conferencia impartida el 1 septiembre del 2022 dentro de las Jornadas “Camino de los Valores” organizadas por la Jueza Reyes Martel y su asociación UP2YOU

 

Desde antiguo, entre los siglos IX y XII, el Camino de Santiago se convirtió en referente eclesiástico y por ende, debido a la gran influencia de la iglesia en los órdenes religiosos, políticos y sociales, el Camino, aún no llamado como tal, empezaba a hacerse un hueco entre las grandes peregrinaciones cristianas: la peregrinación a Jerusalén, envuelta en la épica de las cruzadas, la peregrinación a Roma, que desde Canterbury cruzaba toda Francia (vía Francígena) y finalmente la peregrinación a Santiago de Compostela, donde el mismo apóstol pidió ser enterrado de vuelta a tierra santa.

Desde la alta edad media, se definieron los grandes motivos de peregrinaje: la sanación que pedían los peregrinos, la fe que los acercaba a dios y la penitencia, ya fuera religiosa o civil. Precisamente esto último me liga a la visita a la isla de Gran Canaria y a su municipio de Tunte-San Bartolomé de Tirajana, donde he participado en unas jornadas sobre el Camino de Santiago “Canario”, donde la magistrada Reyes Martell ha hecho del “Camino” un nuevo símbolo de la renovación, de la búsqueda de una nueva vida, de la reconstrucción personal. En su tarea de juez del tribunal de menores, los condenados lo son a hacer el camino de Santiago, con dos etapas en la isla para acabar los últimos kilómetros por los caminos gallegos hasta llegar al Obradoiro.

Si las jornadas fueron interesantes para aquellos elementos históricos, geográficos, sociales y culturales que tanto me interesan, éstas lo fueron más porque descubrí unas gentes entregadas a la ayuda a los jóvenes en dificultades de inclusión social que soportan, junto a Reyes Martell, el hecho de hacer realidad esta magnífica iniciativa.

Desde el deporte y desde lo ya vivido, quise exponer en mi presentación la importancia del trabajo en equipo, de la necesidad de los demás, pero quise, también, resaltar la importancia que cada uno de nosotros tiene a la hora de formar esos equipos. Si, como individuos, somos grandes haremos equipos grandes, si somos mezquinos haremos equipos de esa condición. Por eso la ponencia se llamaba “El valor de uno mismo”.

El deporte parece uno de los últimos reductos de esa maravillosa relación entre el “yo” y el “todo”. Un mundo donde es imposible conseguir nada sin una legión de personas que te ayudaron sin que tú fueras consciente. Desde los primeros maestros y profesores, los entrenadores que enseñaron los primeros pasos de una entrada a canasta, hasta los especialistas que acompañan a los grandes campeones en los torneos más prestigiosos. Da igual mujeres u hombres, deportes colectivos e individuales, todos dependemos de los demás, aprendemos de los demás, me atrevo a decir que todo nuestro conocimiento lo hemos heredado de alguien.

Este mensaje es magnífico para ayudar a estos niños que viven una infancia de riesgo, en su país o en el peor de los casos en países extraños que lejos de facilitar su adaptación, nos preocupamos de evitar el efecto llamada. Sé que no es fácil encontrar una solución universal al problema, pero me alegra que haya magistrados españoles que entiendan la dimensión humana del problema por encima de la escrupulosa aplicación de la ley. Porque quizás la mejor enseñanza es convencer de que una vida se puede rehacer con la actitud adecuada, como me dijo mi amigo Noah Klieger, pero se necesita del marco adecuado y esa es nuestra obligación.

Desde la conciencia plena de lo que fue mi vida deportiva, del ejemplo que tuve en mis compañeros de la asociación de Leyendas de Real Madrid de Baloncesto participé en las jornadas de la juez Martell, en mi nombre y en el de mucho de mis compañeros de los que tanto aprendí y a los que debo mucho de los que soy. Allí me encontré a mi buen amigo Carmelo Cabrera, amigo del proyecto y al que me unieron muchos años en el Real Madrid y el Equipo Nacional.

El paso de los años me ha enseñado también que, en el deporte, a pesar de muchos años de rivalidad quedan tibios recuerdos de reconocimiento a tus adversarios, con los cuales se inician nuevas relaciones y proyectos, haciendo que rivales históricos, ahora pertenezcamos al mismo equipo, La Asociación Europea de Jugadores Históricos de Baloncesto, en inglés LIBA (Legends International Basketball Association). Fue también un honor hablar también en su nombre. Asociación formada en Italia por grandes amigos antes adversarios, como Marzorati, Caglieris, Riva, Bariviera y muchos más compañeros del “Camino de la Vida”. También en su nombre participé porque LIBA quiere poner todo el tesoro de nuestra experiencia al servicio que quien lo pueda necesitar, entre los que están estos niños y esta juez.

Porque todo el conocimiento es un legado que tenemos que entregar a otros, sin que nunca llegue a pertenecernos.

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